Mantener los pies en la tierra...
Un día entendí que no tenía que salvar a todo el mundo para merecer amor, durante muchos años fui la buena, la que siempre estaba, la que resolvía. La que todos llamaban primero cuando algo iba mal y yo iba, lo hacía con amor, de corazón, porque me hacía feliz ayudar, pero también había algo que no quería reconocer. Estaba gastando más energía en salvar a los demás que en cuidarme a mí misma, me sentía importante porque pensaba que sin mí las cosas no podían salir adelante, me acostumbré a ser necesaria. A estar disponible, a ponerme al final de la lista, hasta que un día entiendes algo que duele: a veces, sin darte cuenta, terminas creyendo que tu valor depende de todo lo que haces por los demás. Y cuando dejas de resolver, de dar, de estar siempre disponible, empiezas a preguntarte si te quieren por quien eres o por todo lo que haces, esa pregunta duele, pero también te despierta... Belkys