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‎El café de Rosa...

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Cuenta una leyenda que todos los jueves en la mañana una Señora llamada Rosa entraba en un café, pedía uno bebía y pagaba dos. ‎El dueño de la cafetería le decía aquí hay para dos café y ella decía lo sé y se iba, la tercera vez, el señor de la cafetería le sirvió su café y no le cobro, a lo que Rosa le dijo, ese café pago es para quien no tenga. ‎Rosa le dijo dibuja un barco en la pizarra por cada café que haya pago y dale está nota al que le des el café  la nota decía, hoy estarás bien  solo preocupate por llegar a mañana. ‎Rosa le conto que un día ella también llegó a ese café sin nada y un señor le regaló un café a ella y un barco de papel a su hija y le dijo los barcos no son para anclarlos son para llegar a dónde necesites... ‎Belkys

Casi final de año...

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Terminando este año me he dado cuenta que estoy en mi etapa más tranquila, no porque no tenga historia, sino porque ya no necesito explicarme. ‎Es lo que es, son como son y están los que están, aprendí a no discutir realidades, a no forzar presencia y justificar ausencia, el verdadero lujo es despertar en paz. ‎Entendi que la paz no se defiende y quien quiera estar, está sin condiciones y sin ruido, ya no persigo ‎Las acciones hablan solas así que sigo liviano con menos palabras y más verdades, porque cuando estas, no necesitas convencer a nadie, solo seguir en tu camino... ‎Belkys

Mira el cielo y olvida los problemas...

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Y ahí estaba yo, escuchando ese sermón silencioso, sintiéndome como una niña parada al borde de algo inmenso. ‎Entonces vino el giro que no esperaba, ese mismo Dios, el que llama a las estrellas por su nombre, sabe el mío, no soy un punto perdido en la inmensidad. ‎Soy hija suya y conoce cada detalle de lo que me pesa, la misma grandeza que me hizo sentir pequeña es la que me hace sentir cuidada. ‎Volví a entrar más liviana, el problema seguía ahí, sin resolver, pero ya no era el dueño de mi noche... ‎Belkys

Los cielos cuentan la historia...

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‎Anoche salí al patio a apagar la luz y me quedé más de lo que pensaba, el aire estaba fresco y el cielo, sin nubes, parecía haberse abierto de par en par. ‎Sin proponérmelo, levanté la cabeza y me quedé quieta contando estrellas, había llegado a ese patio con un nudo en el pecho, una conversación pendiente, una cuenta que no cerraba. ‎Esa sensación de estar cargando algo demasiado grande para mis hombros, todo el día había andado con eso a cuestas, como quien lleva una piedra en el bolsillo y se olvida de que puede soltarla. ‎Pero ahí, bajo tanto cielo, algo empezó a cambiar de tamaño, no el cielo, claro, yo me sentí pequeña, y por primera vez en muchas horas eso no me dio miedo, me dio alivio. ‎Entonces me acordé del salmo: Los cielos cuentan la gloria de Dios, no es que el cielo me hable a mí; es que el cielo predica sin palabras la grandeza de Quien lo hizo... ‎Belkys

Conoce quien te guía...

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El Salmo 32 dice que sus ojos están sobre mí, no promete un letrero grande ni un método infalible. ‎Promete su mirada atenta, su enseñanza paciente, su compañía en la bifurcación, yo no tengo que ver el final del camino, solo tengo que saber a quién mirar cuando llegue a la esquina. ‎Sigo sin saber cuál sendero tomar, la decisión no se ha resuelto sola, pero he cambiado la pregunta, ya no me pregunto obsesivamente qué hacer, sino que le pregunto a Dios. ‎Y descanso en que su ojo está sobre m, el niño no corre porque conociera la ruta. Corre porque conoce a su madre y yo puedo caminar así, un paso a la vez, sabiendo quién me guía... ‎Belkys

Confiemos en quien nos cuida...

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Hay una encrucijada en mi vida desde hace semanas y no logro dar un paso, dos caminos se abren delante de mí y ninguno tiene un letrero. ‎Me quedo parada, dándole vueltas al asunto, midiendo cada opción como si de mi acierto dependiera todo, la noche me encuentra despierta, repitiendo las mismas preguntas sin respuesta. ‎Esa tarde miré por la ventana a los niños del vecindario, uno de ellos, pequeñito, corría por la vereda sin pensarlo, riéndose, seguro de que alguien lo cuidaba, cuando llegaba a la esquina, se detenía. ‎Buscaba con los ojos a su mamá, ella asentía y él volvía a correr, no sabía a dónde iba, pero sabía quién lo miraba, sentí una punzada de envidia. ¿Cuándo perdí esa libertad? ‎De adultos cargamos el peso de decidir como si estuviéramos solos, como si Dios nos hubiera dejado un mapa borroso y luego se hubiera ido y entonces recordé que no es así, Dios sigue mirándome... ‎Belkys

No nos preocupesmos...

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Una mañana perdí la calma más rápido de lo que quisiera admitir, una d mis hija había derramó el jugo por segunda vez y antes de pensar, ya le había hablado con un tono más duro de lo necesario. ‎Ella me miró con esos ojitos, sin entender la prisa de mamá y es que muchas veces me exijo un crecimiento inmediato que jamás le exigiría a un niño que está aprendiendo a caminar. ‎Me imaginé de pie en un campo enorme, sola, sintiéndome pequeña y lenta, como si todos avanzaran y yo apenas diera pasitos y en medio de ese pensamiento, recordé cómo me trata Dios. ‎Él no me arranca del suelo cada vez que caigo, no me habla con desprecio ni me apura, me guía sin prisa, me sostiene, me da espacio para crecer, voltie a ver a mi hija y la ayude... ‎Belkys