Cando seremos felices. ,.

Julián tenía una costumbre, cada mañana, cuando subía al metro, se colocaba los audífonos a todo volumen, no quería escuchar nada.

‎Ni el murmullo de la gente, ni los vendedores ambulantes, ni las conversaciones ajenas, solo música, era su forma de protegerse del ruido del mundo y el de su cabeza.

‎Pero un día los audífonos se descargaron y sin querer, escuchó la voz de un niño: Mamá, ¿cuándo vamos a ser felices como los de las películas? La madre no respondió, solo lo abrazó fuerte, como si el abrazo pudiera tapar la pregunta.

‎Julián sintió un nudo en la garganta, todo el viaje pensó en esa frase. ¿Cuándo vamos a ser felices como los de las películas?

‎Se bajó en su estación, pero esa pregunta no se le quitó de la cabeza, esa noche, le habló a su mamá por teléfono, después llamó a un amigo al que hacía meses no veía.

‎Y al día siguiente, decidió no ponerse los audífonos, por primera vez en años, escuchó la vida real, escuchó a una señora reírse mientras contaba un chiste malísimo.

‎Escuchó a un muchacho darle las gracias al vendedor de dulces, escuchó a un papá jugar con su hijo mientras esperaban la estación y entendió algo: La felicidad no es como en las películas, es como en el metro.

‎Sucede en medio del ruido, cuando uno se atreve a escuchar, desde entonces, Julián ya no viaja con música, viaja con los oídos abiertos, porque, aunque no lo parezca, siempre hay alguien diciendo algo que puede cambiarte el día o la vida....Cando seremos felices ,.

‎Julián tenía una costumbre, cada mañana, cuando subía al metro, se colocaba los audífonos a todo volumen, no quería escuchar nada.

‎Ni el murmullo de la gente, ni los vendedores ambulantes, ni las conversaciones ajenas, solo música, era su forma de protegerse del ruido del mundo y el de su cabeza.

‎Pero un día los audífonos se descargaron y sin querer, escuchó la voz de un niño: Mamá, ¿cuándo vamos a ser felices como los de las películas? La madre no respondió, solo lo abrazó fuerte, como si el abrazo pudiera tapar la pregunta.

‎Julián sintió un nudo en la garganta, todo el viaje pensó en esa frase. ¿Cuándo vamos a ser felices como los de las películas?

‎Se bajó en su estación, pero esa pregunta no se le quitó de la cabeza, esa noche, le habló a su mamá por teléfono, después llamó a un amigo al que hacía meses no veía.

‎Y al día siguiente, decidió no ponerse los audífonos, por primera vez en años, escuchó la vida real, escuchó a una señora reírse mientras contaba un chiste malísimo.

‎Escuchó a un muchacho darle las gracias al vendedor de dulces, escuchó a un papá jugar con su hijo mientras esperaban la estación y entendió algo: La felicidad no es como en las películas, es como en el metro.

‎Sucede en medio del ruido, cuando uno se atreve a escuchar, desde entonces, Julián ya no viaja con música, viaja con los oídos abiertos, porque, aunque no lo parezca, siempre hay alguien diciendo algo que puede cambiarte el día o la vida....

‎Belkys



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