Mira el cielo y olvida los problemas...
Y ahí estaba yo, escuchando ese sermón silencioso, sintiéndome como una niña parada al borde de algo inmenso.
Entonces vino el giro que no esperaba, ese mismo Dios, el que llama a las estrellas por su nombre, sabe el mío, no soy un punto perdido en la inmensidad.
Soy hija suya y conoce cada detalle de lo que me pesa, la misma grandeza que me hizo sentir pequeña es la que me hace sentir cuidada.
Volví a entrar más liviana, el problema seguía ahí, sin resolver, pero ya no era el dueño de mi noche...
Belkys

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