No nos preocupesmos...

Una mañana perdí la calma más rápido de lo que quisiera admitir, una d mis hija había derramó el jugo por segunda vez y antes de pensar, ya le había hablado con un tono más duro de lo necesario.

‎Ella me miró con esos ojitos, sin entender la prisa de mamá y es que muchas veces me exijo un crecimiento inmediato que jamás le exigiría a un niño que está aprendiendo a caminar.

‎Me imaginé de pie en un campo enorme, sola, sintiéndome pequeña y lenta, como si todos avanzaran y yo apenas diera pasitos y en medio de ese pensamiento, recordé cómo me trata Dios.

‎Él no me arranca del suelo cada vez que caigo, no me habla con desprecio ni me apura, me guía sin prisa, me sostiene, me da espacio para crecer, voltie a ver a mi hija y la ayude...

‎Belkys



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